martes, 23 de agosto de 2011

EL DISCERNIMIENTO

Hay que saber cuándo obramos con caridad, o con estupidez  , el sentimentalismo es una cualidad humana  peligrosa cuando se ve entorpecida con su capacidad de razonar, o bien queremos disculpar nuestras faltas y atentados contra la dignidad humana como la discriminación, la explotación,  indiferencia hacia otros y arrojamos una dadiva a nuestros pobres  hermanos como si fueran tachos de caridad.
Asimismo en los negocios unipersonales ya sea de bienes o servicios cuando hacemos uso de ellos, en nuestro afán egoísta de pagar menos, con soberbia cotejamos solo el valor material, desdeñando el  costo humano  representado en su esfuerzo y dedicación
Aun cuando los planes asistenciales son una necesidad para casos de extrema pobreza o desamparo, es importante inculcar  el deseo de luchar, sobreponerse,  trazándose metas a realizar  y no convertirse en meros receptores, aprovechándose de la generosidad humana
De esta forma los individuos valoraran el  bien ganado con esfuerzo  esta iniciativa   lo trasmitirán a sus generaciones, y no estarán a la espera de una distribución compasiva, no es justo aprovecharse del sacrificio de los demás  alegando justicia equitativa cuando algunos no tuvieron o no quisieron enfrentar su vida  con esfuerzo.
UN CASO REAL
“Hace 20 años, cuando había terminado un día de trabajo mas, tome un ómnibus parcialmente vacio, me senté  atrás y luego al lado mío se sentó una señorita muy  bien vestida, me llamo la atención sus manos llenas de sortijas, su pulsera y reloj haciendo ruido.
Subió entonces un minusválido que se desplazaba con los miembros torcidos, solo podía valerse bien de un brazo y  una mano porque el otro brazo lo tenía entumido en forma de L, en este brazo llevaba una bolsa de chocolates pequeños, y con la mano buena vendía sus productos, aparte casi no se le entendía bien, pues al parecer la lengua tambien la tenia entumida, cuando llego a mi asiento , la señorita de mi costado saco una moneda de 20 centavos  y se lo dio como obsequio, los chocolates estaban a  50 centavos , fue así que el minusválido le devolvió la moneda de 20 centavos y en su precario lenguaje le dijo: ¡ yo no quiero regalo, yo vendo! la señorita no entendía, pero  puse en la mano del vendedor la moneda de 50 centavos , me dio el chocolate y le dije gracias”.
Cuantas veces vemos a diario estas expresiones dice de caridad  pero consciente o inconscientemente   aun  hay personas que anteponen la compasión al discernimiento y así muchas veces maltratamos, humillamos y menospreciamos  el deseo de superación del individuo.
Este humilde minusválido es la representación de miles de peruanos con deseos de superarse dignamente con oportunidades, con aprecio a su trabajo por humilde que sea, no echemos a perder la buena voluntad  de estas personas, convirtiéndolas en parásitos, de los cuales renegamos más tarde.
El discernimiento conlleva a  comprender al hombre en su afán de ganarse su sustento con dignidad, valorando su trabajo, convirtiéndonos en la sociedad justa, equitativa y solidaria.


Sofia

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