Hay que saber cuándo obramos con caridad, o con estupidez , el sentimentalismo es una cualidad humana peligrosa cuando se ve entorpecida con su capacidad de razonar, o bien queremos disculpar nuestras faltas y atentados contra la dignidad humana como la discriminación, la explotación, indiferencia hacia otros y arrojamos una dadiva a nuestros pobres hermanos como si fueran tachos de caridad.
Asimismo en los negocios unipersonales ya sea de bienes o servicios cuando hacemos uso de ellos, en nuestro afán egoísta de pagar menos, con soberbia cotejamos solo el valor material, desdeñando el costo humano representado en su esfuerzo y dedicación
Aun cuando los planes asistenciales son una necesidad para casos de extrema pobreza o desamparo, es importante inculcar el deseo de luchar, sobreponerse, trazándose metas a realizar y no convertirse en meros receptores, aprovechándose de la generosidad humana
De esta forma los individuos valoraran el bien ganado con esfuerzo esta iniciativa lo trasmitirán a sus generaciones, y no estarán a la espera de una distribución compasiva, no es justo aprovecharse del sacrificio de los demás alegando justicia equitativa cuando algunos no tuvieron o no quisieron enfrentar su vida con esfuerzo.
UN CASO REAL
“Hace 20 años, cuando había terminado un día de trabajo mas, tome un ómnibus parcialmente vacio, me senté atrás y luego al lado mío se sentó una señorita muy bien vestida, me llamo la atención sus manos llenas de sortijas, su pulsera y reloj haciendo ruido.
Subió entonces un minusválido que se desplazaba con los miembros torcidos, solo podía valerse bien de un brazo y una mano porque el otro brazo lo tenía entumido en forma de L, en este brazo llevaba una bolsa de chocolates pequeños, y con la mano buena vendía sus productos, aparte casi no se le entendía bien, pues al parecer la lengua tambien la tenia entumida, cuando llego a mi asiento , la señorita de mi costado saco una moneda de 20 centavos y se lo dio como obsequio, los chocolates estaban a 50 centavos , fue así que el minusválido le devolvió la moneda de 20 centavos y en su precario lenguaje le dijo: ¡ yo no quiero regalo, yo vendo! la señorita no entendía, pero puse en la mano del vendedor la moneda de 50 centavos , me dio el chocolate y le dije gracias”.
Cuantas veces vemos a diario estas expresiones dice de caridad pero consciente o inconscientemente aun hay personas que anteponen la compasión al discernimiento y así muchas veces maltratamos, humillamos y menospreciamos el deseo de superación del individuo.
Este humilde minusválido es la representación de miles de peruanos con deseos de superarse dignamente con oportunidades, con aprecio a su trabajo por humilde que sea, no echemos a perder la buena voluntad de estas personas, convirtiéndolas en parásitos, de los cuales renegamos más tarde.
El discernimiento conlleva a comprender al hombre en su afán de ganarse su sustento con dignidad, valorando su trabajo, convirtiéndonos en la sociedad justa, equitativa y solidaria.
Sofia
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