jueves, 16 de mayo de 2013


UNA JUSTICIA INJUSTA

Un médico con oscuras inclinaciones ha vuelto a ponernos en el dilema del peligro escondido tras la fachada de una profesión o el buen aspecto de ciudadanos, mientras la realidad es otra  perdida entre la indiferencia de nuestra leyes o negligencia de las autoridades, o la falta de un sistema de protección contra médicos en este caso, que tienen antecedentes de mala praxis y hasta un pasado subversivo como el del Dr.  Ángel Eduardo Valdivia Calderón, asesino de la joven Keiko Vega Santa Cruz  de solo 16 años.

Ahora este criminal está a la espera de una condena sutil, con la cual pueda conseguir su libertad al más breve plazo y continuar con sus fechorías, considerando la informalidad en donde vivimos. Mientras tanto este delincuente gozara de una vida  ya sea con o sin beneficios, vida plena, mientras el cadáver de su víctima quedara allí plasmada en la tierra, ante el dolor de sus seres queridos, esta joven jamás podrá contemplar una mañana, jamás  tendrá la esperanza de tocar a sus seres queridos, ya no está, en cambio el criminal seguirá con su vida bien o mal.

Muchos piden cadena perpetua la máxima pena,  una cadena perpetua para seguir viviendo a costa del bolsillo de todos los peruanos de bien, ¿esto es justicia?

No, porque nosotros tenemos leyes más justicia, justicia seria implantar la pena de muerte para estos casos en donde el criminal jamás podrá ser rehabilitado, las inclinaciones psicóticas  no son de un momento, son para toda la vida ,inclusive funcionarios del FBI analistas e investigadores afirman la imposibilidad en regenerarse, asi toda la vida tendremos que convivir con estos maleantes si la justicia no se torna más racional  y sensata.

Meditemos en no seguir defendiendo lo indefendible.

Sofía Flores

martes, 23 de agosto de 2011

EL DISCERNIMIENTO

Hay que saber cuándo obramos con caridad, o con estupidez  , el sentimentalismo es una cualidad humana  peligrosa cuando se ve entorpecida con su capacidad de razonar, o bien queremos disculpar nuestras faltas y atentados contra la dignidad humana como la discriminación, la explotación,  indiferencia hacia otros y arrojamos una dadiva a nuestros pobres  hermanos como si fueran tachos de caridad.
Asimismo en los negocios unipersonales ya sea de bienes o servicios cuando hacemos uso de ellos, en nuestro afán egoísta de pagar menos, con soberbia cotejamos solo el valor material, desdeñando el  costo humano  representado en su esfuerzo y dedicación
Aun cuando los planes asistenciales son una necesidad para casos de extrema pobreza o desamparo, es importante inculcar  el deseo de luchar, sobreponerse,  trazándose metas a realizar  y no convertirse en meros receptores, aprovechándose de la generosidad humana
De esta forma los individuos valoraran el  bien ganado con esfuerzo  esta iniciativa   lo trasmitirán a sus generaciones, y no estarán a la espera de una distribución compasiva, no es justo aprovecharse del sacrificio de los demás  alegando justicia equitativa cuando algunos no tuvieron o no quisieron enfrentar su vida  con esfuerzo.
UN CASO REAL
“Hace 20 años, cuando había terminado un día de trabajo mas, tome un ómnibus parcialmente vacio, me senté  atrás y luego al lado mío se sentó una señorita muy  bien vestida, me llamo la atención sus manos llenas de sortijas, su pulsera y reloj haciendo ruido.
Subió entonces un minusválido que se desplazaba con los miembros torcidos, solo podía valerse bien de un brazo y  una mano porque el otro brazo lo tenía entumido en forma de L, en este brazo llevaba una bolsa de chocolates pequeños, y con la mano buena vendía sus productos, aparte casi no se le entendía bien, pues al parecer la lengua tambien la tenia entumida, cuando llego a mi asiento , la señorita de mi costado saco una moneda de 20 centavos  y se lo dio como obsequio, los chocolates estaban a  50 centavos , fue así que el minusválido le devolvió la moneda de 20 centavos y en su precario lenguaje le dijo: ¡ yo no quiero regalo, yo vendo! la señorita no entendía, pero  puse en la mano del vendedor la moneda de 50 centavos , me dio el chocolate y le dije gracias”.
Cuantas veces vemos a diario estas expresiones dice de caridad  pero consciente o inconscientemente   aun  hay personas que anteponen la compasión al discernimiento y así muchas veces maltratamos, humillamos y menospreciamos  el deseo de superación del individuo.
Este humilde minusválido es la representación de miles de peruanos con deseos de superarse dignamente con oportunidades, con aprecio a su trabajo por humilde que sea, no echemos a perder la buena voluntad  de estas personas, convirtiéndolas en parásitos, de los cuales renegamos más tarde.
El discernimiento conlleva a  comprender al hombre en su afán de ganarse su sustento con dignidad, valorando su trabajo, convirtiéndonos en la sociedad justa, equitativa y solidaria.


Sofia